21 jul. 2010

LA LECCIÓN

Sucedió cuando regresaba de la visita al supermercado. El carrito pesaba y mi respiración se encontraba cascada. De repente observé en el puente un rostro conocido. El cuerpo paseaba en una silla de ruedas autómatica. Al principio tardé en reconocer a ese joven muchacho valiente y trabajador. Ahí fue cuando, al verme, saludó con un efusivo "hola" y una gran sonrisa. Le devolví la sonrisa cargada de admiración. Al subir a Frida no pude evitar ponerme a llorar. La vida, en ocasiones, es más gris que verde. Aún así, he de tratar no caer en la tristeza por vivir enferma y continuar en el sendero de la búsqueda.

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